Su espiritualidad y discipulado
Eliseo Casal Chousa
1. Introducción al tema
2. ¿Qué entendemos por espiritualidad?
3. Fundamentos de la espiritualidad cristiana
4. El proceso de la formación espiritual
5. El modelo de espiritualidad
6. La espiritualidad en su dimensión comunitaria
7. Una aproximación a la definición de espiritualidad
8. Los retos actuales a la espiritualidad cristiana
9. Conclusión
1. INTRODUCCIÓN AL TEMA
El tema de la espiritualidad es un tema tremendamente actual. En una sociedad occidental calificada de postmoderna y en la que se desatienden muchos aspectos religiosos y tradicionales, la espiritualidad sigue jugando un papel importante que se manifiesta tanto en las expresiones folclórico-religiosas, a las que son tan devotas algunas regiones españolas, como en las influencias recibidas de otras religiones y que están encontrando eco en nuestra sociedad española, insatisfecha en muchos casos con la experiencia religiosa del pasado. La religión como manifestación externa de la espiritualidad, o de la necesidad espiritual, saca a luz el deseo interior que anida en el corazón del ser humano de ir más allá de lo meramente material para dar sentido a la vida desde una perspectiva trascendente.
Este interés se manifiesta en el auge de movimientos como Nueva Era (o New Age), que ofertan una religiosidad sincretista, sin renuncias y con promesas de eternidad y divinización para el hombre. Se quiere superar la materialidad por medio de la divinización, descubriendo el «dios» que hay en cada uno y sin condicionamientos morales externos.
Las religiones orientales también están de moda. El budismo tiene sus seguidores y busca trascender la realidad presente y dar sentido a la vida por medio de sucesivas reencarnaciones. Una aureola de pacifismo y bondad aparece como tarjeta de presentación que cautiva a las personas y encuentra el eco del deseo de paz y de superación propias.
Otro de los grupos que cuenta con sus embajadores de Hollywood es la Cienciología, con su interés por la persona y su publicidad sobre la salud y el bienestar, centro de interés de nuestra sociedad. Las publicaciones sobre temas de espiritualidad también se multiplican, tanto las editadas por los distintos grupos religiosos como el uso de la espiritualidad como tema de fondo.
El cristianismo no ha escapado a esta influencia e interés sobre la espiritualidad; de hecho es un aspecto que forma parte esencial de la vida y el mensaje cristiano pero, además, se ha visto influido por otras corrientes de espiritualidad. El uso de ciertas técnicas –como la meditación trascendental y el zen– aplicadas a la oración cristiana en el marco del catolicismo romano nos descubre la influencia y el interés por una espiritualidad renovada aun en el marco de la profesión de fe cristiana.
En el campo protestante-evangélico, la espiritualidad ha encontrado, a lo largo de la historia, momentos de renovado interés como en el movimiento pietista que ha dejado fuertes influencias en nuestras iglesias hasta el día de hoy, así como los movimientos carismáticos y pentecostales, con su énfasis en la persona y los dones del Espíritu. Estos movimientos no hemos de olvidar que surgen como una reacción a una espiritualidad «fría» muy marcada por la institucionalización de la fe y la tradición, pero con poco dinamismo.
Con tanto interés sobre la espiritualidad podríamos preguntarnos ¿por qué no existe un renovado interés por la espiritualidad cristiana?, ¿por qué la gente gira su cabeza y mira hacia Oriente o se introduce en nuevos movimientos como Nueva Era?
Para afrontar el tema de la espiritualidad de forma seria y consecuente, hemos de ser conscientes de cuáles son los reparos que se han suscitado a la espiritualidad cristiana y hemos de tomar muy en serio dar una respuesta adecuada y para nosotros mismos en primer lugar, considerando si nuestro acercamiento a la espiritualidad es bíblico y adecuado y las resistencias las encuentra por eso o, sin embargo, si es que hemos distorsionado la espiritualidad cristiana con tradiciones y otros anexos que nada tienen que ver con el evangelio.
Lo cierto es que la espiritualidad cristiana en ocasiones se percibe como poco realista, sin conexión con la realidad y los problemas que vive el mundo. Cuando se subraya en nuestra espiritualidad lo trascendente, la relación con Dios, el interés por el más allá, pero como algo opuesto a la historia, el presente y la materia, con despreocupación por las realidades de este mundo y sin ninguna clase de compromiso político-social –porque «el creyente no debe meterse en política»– no debe extrañarnos que les suene extraña (permitidme el juego de palabras) nuestra espiritualidad. En un mundo tan pragmático, una espiritualidad desencarnada aparece como un lujo o como un ejercicio de evasión necesario para quien usa «muletas», pero no como una cuestión esencial para la vida de la persona.
Aun en nuestro propio contexto, la espiritualidad parece acercarse bastante a presuntuosidad; una espiritualidad que se anuncia nunca es una verdadera espiritualidad. Ni lo es aquella espiritualidad narcisista que practicamos para sentirnos superiores a los demás, como una elite dentro de nuestro mundo evangélico. No es de extrañar que, por desgracia, la espiritualidad haga sonreír en especial a los jóvenes; el «espiritual» es, en muchas ocasiones, el marginado por «bicho raro».
La espiritualidad tampoco ha cosechado una especial buena fama dentro de ciertas ciencias como la psicología y la sociología, interpretándola como simple recurso de los débiles, aquellos que necesitan algo a lo que agarrarse porque no son capaces de gestionar su propia vida y, por tanto, un elemento del que prescindir lo antes posible cuando se llega a la madurez; o como elemento útil para la cohesión social de un determinado grupo, pero también prescindible cuando la sociedad se propone sus propias metas y ejercita sus propios recursos para conseguirlas.
Nos encontramos, pues, ante una ambivalencia de interés por la espiritualidad y a la vez rechazo. Sin embargo, no se puede renunciar a esta dimensión espiritual sin graves consecuencias para la persona humana, o mejor dicho ignorar esta dimensión espiritual ya que está presente en todo ser humano aunque sea ahogada y sustituida por otros sucedáneos.
El interés por la espiritualidad nos conduce a la cuestión que planteamos en el siguiente apartado.
2. ¿QUÉ ENTENDEMOS POR ESPIRITUALIDAD?
2.1. Terminología
La Enciclopedia Universal Sopena define espiritualidad, en una de sus acepciones, como «Conjunto de ideas referentes a la vida espiritual».
La vida espiritual, la vida del espíritu, se refiere a la parte inmaterial o incorpórea, a veces identificada con la racionalidad o la volición.i Podemos identificar este concepto de espíritu con todas las capacidades del ser interior que hacen del ser humano lo que es. La vida espiritual y la espiritualidad, por tanto, hacen referencia a la vida interior en contraste, no en oposición, a la manifestación exterior que es la materialidad de cuerpo. La substantividad humana, la persona, está formada tanto por su materialidad como por su espiritualidad, ambas son parte integral de su esencia, al igual que en una foto en blanco y negro ambos colores son necesarios para ofrecer la imagen, uno como fondo, el otro dándole forma.
Por ello, la visión bíblica del ser humano no contempla el espíritu humano como una realidad independiente, sino como una parte integral junto con el cuerpo que configura la misma la persona humana (Gn. 2:7). El ser humano es más que simple materia, tiene un espíritu que configura esta materia para hacerla un ser humano que vive y actúa en el mundo; por otro lado, tampoco es un espíritu encarcelado en un cuerpo que espera ser liberado para encontrar su realidad más profunda.
Usaremos en esta presentación el término espíritu /espiritual en este sentido general –sin entrar en el debate dicotomista o tricotomista o cualquier otro acercamiento que divida la persona o use el término «espíritu» en un sentido más restringido– para optar por un empleo más sintético del término a los efectos del presente tema, incluyendo en él todos los aspectos del ser interior de la persona.
2.2. Definiciones de «espiritualidad cristiana»
Cuando hablamos de espiritualidad, quizás vienen a nuestra mente ideas cercanas a la mística, lo sobrenatural, la ausencia del mundo, sus preocupaciones y distracciones. La espiritualidad aparece en estas concepciones alejada de la vida, de las actividades humanas, departamentalizada o aislándonos del mundo. ¿Qué es la espiritualidad?
a) El griego pneumatikós utilizado por Pablo: centro de la existencia cristiana y lo distintivamente cristiano (1 Co. 2:14-15)
La persona espiritual, a diferencia de la persona natural, tiene discernimiento para comprender la voluntad de Dios, capacitado por la obra del Espíritu. El término espiritual, por ello, tiene relación tanto con la persona del Espíritu Santo, que mora en el creyente y lo capacita, como con las habilidades espirituales que se derivan de su acción y que conducen a la persona a su desarrollo y madurez.
b) Sinónimo de vivir bajo el Espíritu
Así como el soplo de Dios (su ruah), convirtió a la criatura formada sobre el barro en un ser viviente, el Espíritu de Dios nos imparte la nueva vida y conforma nuestro ser. Esta definición dirige nuestra atención hacia el Agente de cambio (Ef. 5:18). Sin embargo, la expresión «vivir bajo el Espíritu» debe llenarse de contenido ya que por los diferentes modelos de espiritualidad vemos que puede interpretarse de muchas maneras.
c) Actitud básica, práctica o existencial propia del hombre (H. U. von Baltasar)
Se entiende como el núcleo central de la persona que sostiene su actuación en el mundo, así como la comprensión de su ser. En este caso, la atención se dirige hacia el contenido de la espiritualidad.
d) Estructuración de la persona adulta en la fe
La espiritualidad se entiende como el elemento que configura la personalidad del individuo. La atención se enfoca, en este caso, hacia el objeto de la espiritualidad: la madurez personal, una persona perfectamente equilibrada.
e) Sinónimo de vida cristiana (Schaeffer)
Implica un nuevo nacimiento y un nuevo estilo de vida. Subraya tanto el punto de origen como el resultado.
f) Prácticas piadosas
En nuestro contexto actual, la espiritualidad también se ha visto reducida a un pequeño espacio de la existencia, a un sentimiento religioso, a un departamento sin relación con el resto de la vida. Es la espiritualidad cultural, mero formalismo externo.
En lugar de proponer una definición en este punto, seguiremos considerando algunos aspectos para sintetizar nuestra definición de espiritualidad en el marco del diálogo comunitario.
2.3. Criterios de espiritualidad
Todos tenemos una determinada imagen de lo que consideramos que debe ser una persona creyente, madura y espiritualmente sana. Junto con esta imagen asociamos unos determinados valores y comportamientos que definen el perfil y quienes no se ajustan a él pueden ser calificados de inmaduros o personas poco espirituales.
Muchos de estos factores, usados como criterios de espiritualidad, son elementos puramente externos, que tienen únicamente valor si se corresponden y expresan de forma natural, una realidad vivencial de la persona.
Un tópico es catalogar a la persona por su asistencia a las reuniones (o «cultos» como solemos llamarles) o por su participación activa en los mismos, ya sea orando, leyendo algún pasaje de las Escrituras o compartiendo alguna experiencia. Tales ejercicios, parafraseando a Pablo, no son malos pero tienen poca eficacia para la vida cristiana y nula eficacia contra los conflictos espirituales.
En ocasiones, valoramos en la iglesia el grado de conocimientos y buscamos personas con cierto reconocimiento social para los puestos de responsabilidad: empresario (una persona puede ser unlince para los negocios pero carecer de toda madurez para las relaciones personales, ser un ególatra y, por lo tanto, descalificada para asumir responsabilidad en la iglesia), una persona con carrera porque asumimos que, de esta manera, tiene cierta formación, imprescindible para desarrollar el ministerio (pero puede ser una persona totalmente enfocada en los valores de este mundo). Lo mismo cabría decir de una persona con estudios bíblicos o su diploma («he estudiado con Trenchard », o «he estudiado en una escuela bíblica», etc.).
Ya aún hoy tenemos nuestros gurús, personas con apariencia de piedad pero que se sienten como jueces y con criterio para calibrar la espiritualidad de otras personas, el modelo son ellos mismos y aún su «humildad» se convierte en un halo más que hay que respetar, teniendo un buen número de «seguidores».
2.4. Contenidos de la espiritualidad
Toda espiritualidad integra en general cuatro factores:
1. Doctrinas y creencias. Una serie de verdades que afectan, más o menos, a nuestra forma de entender el mundo y la vida (cosmovisión).
2. Disciplina. Unas fuentes de autoridad a las que la persona se sujeta, ya sean sujetos o fuentes escritos y que ponen marco a su actuación.
3. Liturgia. Unas determinadas formas de celebración comunitaria de las creencias.
4. Vida. Una determinada vivencia de esta espiritualidad en lo cotidiano: oración, meditación, pero también en una espiritualidad integral: ocio, trabajo, relaciones sociales.
La espiritualidad cristiana contiene estos cuatro factores pero deben estar bien integrados. La fe, como creencia, no es suficiente (también los demonios creen y tiemblan, Stg. 2:19); las disciplinas espirituales, con ser necesarias, no producirían más que religiosos. Sólo la comunión de vida con el trino Dios nos posibilita una espiritualidad verdadera (Col. 2:23-3:1), que se expresa en la adoración personal y comunitaria y que es un nuevo estilo de vida que integra todas las actividades humanas.
3. FUNDAMENTOS DE LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA
3.1. Antropológico
1.1 El ser humano es creación de Dios e imagen de Dios.
1.2 La espiritualidad es connatural al hombre. Todo ser humano tiene una dimensión espiritual y determinada espiritualidad que le hace ser lo que es.
1.3 La espiritualidad suscita la religiosidad buscando trascender las limitaciones presentes (Dios ha puesto eternidad en el corazón del hombre).
1.4 La espiritualidad configura la cosmovisión del mundo, interpreta al mundo y condiciona la volición del ser humano.
1.5 La espiritualidad bíblica es integral: no al dualismo materia/espíritu.
3.2. Soteriológico
• El ser humano como nueva criatura en Cristo:
– Un nuevo principio vital, el nuevo nacimiento por la fe en Cristo y la regeneración del Espíritu.
– La espiritualidad en su dimensión de vida y práctica sólo es posible en la relacióncomunión con el Dios trino (Jn. 15:2).
• El proyecto de Dios de modelar a cada persona conforme al modelo de Cristo:
El punto de referencia de la espiritualidad cristiana no puede ser otro que la persona de Jesús, el Dios encarnado, en su realidad histórica y asumiendo los principios y valores que guiaron su vida y que podríamos resumir como los valores del Reino de Dios.
• La impotencia de los sistemas humanos
Por muy atractiva que resulte la espiritualidad cristiana, ésta no puede ser vivida en plenitud al margen de los recursos de la gracia de Dios. Como expresa Pablo, el querer el bien está en nosotros pero no el poder para llevarlo a cabo (Ro. 7:18), –añadiría que– de manera consistente y permanente.
• La donación del Espíritu como agente transformador y generador de la nueva vida
La dependencia de Dios nos coloca en la sumisión al Espíritu como agente transformador para la nueva vida (2 Co. 3:18).
4. EL PROCESO DE LA FORMACIÓN ESPIRITUAL
4.1. La doble dirección: de dentro hacia fuera
La vida cristiana se nutre y desarrolla en lo más hondo de la persona y en un espacio poco visible, pero tremendamente eficaz, como es el del estudio y las relaciones: el estudio de la Palabra para descubrir la voluntad de Dios y las relaciones para acercarnos al Señor de la Palabra y al pueblo que Dios está levantando en medio de la historia.
LA INTERACCIÓN ENTRE EL SER INTERIOR Y LAS CONDICIONES EXTERIORES
Este camino de doble vía nos recuerda que la situación de nuestra humanidad en el mundo, los problemas, aflicciones, luchas, enfermedad, afectan nuestro espíritu. Pero de la misma manera, nuestro espíritu renueva nuestras fuerzas, nos da sentido y aliento por medio de la vida de Dios en nosotros. Es en nuestro ser interior donde ganaremos o perderemos las más importantes batallas decidiendo quién queremos ser y qué vamos a hacer.
4.2. Dones y responsabilidades
LOS RECURSOS DE LA GRACIA: EL ESPÍRITU Y EL PUEBLO DE DIOS
2 P. 1:3. Tenemos todos los recursos de Dios que son necesarios para vivir la vida desde la dimensión cristiana.
Estos recursos incluyen lo divino y lo humano: la acción de Dios en nosotros por su Espíritu y la compañía de un pueblo.
La espiritualidad cristiana no se puede vivir en el aislamiento sino en una comunidad de personas que pone en práctica las enseñanzas de Jesús. Es ésta la que tiene que tomar como punto de partida el proyecto del Reino de Dios, asumido personalmente como proyecto de vida.
2 P. 1:3. Tenemos todos los recursos de Dios que son necesarios para vivir la vida desde la dimensión cristiana.
Estos recursos incluyen lo divino y lo humano: la acción de Dios en nosotros por su Espíritu y la compañía de un pueblo.
La espiritualidad cristiana no se puede vivir en el aislamiento sino en una comunidad de personas que pone en práctica las enseñanzas de Jesús. Es ésta la que tiene que tomar como punto de partida el proyecto del Reino de Dios, asumido personalmente como proyecto de vida.
LAS DISCIPLINAS ESPIRITUALES
La lectura bíblica (la Palabra nos santifica Jn. 17:17), la oración y la comunión cristiana son elementos imprescindibles para el crecimiento espiritual, pero no son un fin en sí mismas sino un medio para el desarrollo.
Este proceso es un proceso de muerte - vida (Gá. 6:14) por el que desechamos y renunciamos al mal para vivir para Dios (Ro. 6:13), por medio de la obra del Espíritu en nosotros (Ef. 5:18).
4.3. El método
EL MÉTODO. LA RELACIÓN PERSONAL: TUTORES
Pablo invita a los corintios a ser imitadores de él (1 Co. 11:1). Es necesario presentar modelos vivos de verdadera espiritualidad. No superhombres/mujeres. Sí personas que han optado por seguir y servir a Jesús.
5. EL MODELO DE ESPIRITUALIDAD
Trataremos de contestar a la siguiente cuestión: ¿Cuál es el perfil de una persona creyente y madura según el Nuevo Testamento?
5.1. Cristo: el modelo de su propia vida
1. Relaciones sanas
- Una relación con Dios abierta y caracterizada por una vida de oración intensa.
- Unas relaciones humanas sinceras y no discriminatorias.
- Unas relaciones humanas sinceras y no discriminatorias.
Es interesante notar cómo Santiago traslada la cuestión sobre la religiosidad al plano social. La verdadera espiritualidad se preocupa por lo que Dios se preocupa (Stg. 1:27).
- Un crecimiento saludable en todos los aspectos (Lc. 2:52). El texto de Lucas supone una atención integral a todos los aspectos de la persona, intelectuales, espirituales y, por supuesto, una atención adecuada a nuestro cuerpo.
La espiritualidad bíblica supone «vivir nuestra vida en todas sus relaciones, posibilidades y capacidades».
2. Su carácter
- (Is. 53:9) Verdad, honestidad, amor, justicia. Su mensaje estuvo centrado en los valores del Reino de Dios que encarnó hasta las últimas consecuencias.
- (Mt. 11:29) «Aprended de mí que soy manso y humilde». Toda la fortaleza de su carácter residía precisamente en su sometimiento a la voluntad del Padre.
5.2. Las enseñanzas de Jesús sobre la espiritualidadEl Sermón del Monte registrado en Mateo nos provee de enseñanza sobre la visión de Jesús de la espiritualidad. Ésta se enfoca en la persona más que en las prácticas externas. Oración, ayuno, limosna, no deben ser utilizadas como garantía de espiritualidad, como factores que construyen nuestra propia imagen religiosa.
Al contrario, la espiritualidad verdadera está en asumir unos valores totalmente contrarios a los promovidos por la sociedad pero que conducen a la verdadera felicidad (bienaventurados), que son los que Jesús mismo enseña y vive.
Al contrario, la espiritualidad verdadera está en asumir unos valores totalmente contrarios a los promovidos por la sociedad pero que conducen a la verdadera felicidad (bienaventurados), que son los que Jesús mismo enseña y vive.
5.3. La relación entre espiritualidad y discipulado
El punto de partida de la espiritualidad estará en el proyecto que Jesús presenta en el evangelio de Mateo: HACER DISCÍPULOS
- Discípulos: UN MODELO -> JESÚS.
- Enseñándoles: FORMACIÓN.
- Enseñándoles: FORMACIÓN.
- Bautizándolos: INTEGRACIÓN EN LA IGLESIA.
5.4. La relación entre espiritualidad y madurez cristiana
Una persona con madurez espiritual será una persona madura en su personalidad (1 Co. 2:15). Aunque podamos establecer un estándar de madurez, también es cierto que hay niveles. Un joven de quince años no puede ser una persona madura según el patrón de un adulto, esto es lo más normal, pero puede ser una persona perfectamente madura, equilibrada y capaz, alcanzando el nivel adecuado de madurez para su edad.
No debemos obviar que en la espiritualidad tiene una influencia especial nuestra propia personalidad, nuestra forma de percibir las cosas. Una persona espiritualmente madura se puede y se diferencia mucho de otra igualmente espiritualmente madura: introvertido/extrovertido... Nuestra personalidad es única y no podemos imponer criterios que tienen que ver con la personalidad como criterios para valorar la espiritualidad a otros hermanos que son diferentes a nosotros.
Una verdad clave: Dios está interesado en LA PERSONA Y EN SU PUEBLO, no en el cumplimientode determinados deberes religiosos. Esto significa que todas las áreas de madurez personal formanparte del proyecto de Dios. Madurez no es igual a acumulación de información sino al sabio uso dela misma en todas las esferas de la vida personal.
6. LA ESPIRITUALIDAD EN SU DIMENSIÓN COMUNITARIA6.1. El proyecto de Dios es comunitario, no salvación individualista
- Éxodo
Dios redime a un pueblo para que sea su pueblo y le glorifique. La función de la adoración en el libro de Éxodo, como actividad consecuente con la redención es preeminente al comparar el espacio dedicado a la construcción del tabernáculo.
- Tito 2:14
Retoma el modelo del éxodo para recordar que la redención tiene que ver con un pueblo que Dios adquiere para que dé testimonio con sus obras.
6.2. La espiritualidad cristiana tiene un marco comunitario
- Nuevo Testamento: texto mayoritario dirigido a iglesias, no individuos.
De todos los escritos del Nuevo Testamento sólo encontramos cuatro dirigidos a individuos y aún así la preocupación principal es la vida de la iglesia.
- La oración cristiana
El Padre nuestro es una oración comunitaria. Expresa la voluntad del pueblo de Dios y resalta la interacción entre la relación con Dios y las relaciones fraternas en la iglesia («perdónanos... como nosotros perdonamos», Mt. 6:9 y ss.; Lc. 11:2 y ss.).
- Las relaciones internas «los unos a los otros»
Una de las frases más repetida en el Nuevo Testamento, en realidad una sola palabra en el texto original, es "los unos a los otros", que caracteriza los deberes que tenemos como cristianos de amarnos, exhortarnos, ayudarnos y un largo etcétera (notemos como ejemplo Ro. 12:5 y 10; 13:8; 15:5 y 7, 14; Gá, 5:13; 6:2; 1 P. 4:9).
- La interrelación Dios - prójimo
El amor a Dios se manifiesta en el amor a nuestros hermanos (1 Jn. 3:14; 4:8), la oración se encuentra condicionada por las relaciones matrimoniales (1 P. 3:7), por tanto, no es posible separar la comunión con Dios de nuestras relaciones comunitarias.
7. UNA APROXIMACIÓN A LA DEFINICIÓN DE ESPIRITUALIDAD
- Debe entenderse como un proceso. Este proceso, guiado por el Espíritu de Dios, modela nuestro mundo interior a fin de que se configure según el modelo de Cristo mismo.
- Tiene que ver con carácter. Aquellos rasgos que definen nuestro modo de ser ante los demás, independientemente de nuestra personalidad. Es por ello que manifiesta en todos los casos el fruto del Espíritu (Gá. 5:22-23).
Podríamos resumir en una definición:
La espiritualidad es el área de la persona que gestiona los pensamientos, sentimientos, voluntad y acciones. Es el ser interior que en el creyente vive en un proceso constante de transformación por la obra del Espíritu Santo configurándolo como discípulo y seguidor de Jesús y que se expresa en un nuevo modelo de relaciones con Dios, el mundo y el prójimo, caracterizado por el amor y la santidad.
8. LOS RETOS ACTUALES A LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA
1. Modelos insuficientes: misticismo o pietismo, racionalismo vs. espiritualismo.
2. Integral e integradora: Que se relacione con toda la persona y todas sus relaciones y acciones («…que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.», Mt. 5:16).
3. Parte de la experiencia personal de fe y adhesión a Cristo: discipulado.
4. Desarrolla la vida del Espíritu en el creyente.
5. Realista, que confronta las deficiencias y el camino que se debe seguir.
6. Fundamentada en la Palabra.
7. Con un claro compromiso eclesial.
9. CONCLUSIÓN
La espiritualidad cristiana –como elemento central que da la dimensión correcta a todos los aspectos de nuestra vida, que explica nuestro ser en el mundo, es decir que da sentido a nuestra existencia presente como fruto del propósito divino y no del azar– tiene su razón de ser en la voluntad divina de dotar a la persona con la capacidad y necesidad de una relación con el Creador, como requisito para su realización en el mundo.
Se hace imprescindible en la espiritualidad cristiana la comunicación con el Padre, el seguimiento A Jesús, y la capacitación del Espíritu a fin de cumplir las demandas de la espiritualidad bíblica que podíamos resumir en un texto del Antiguo Testamento y que incluye las dimensiones sociales (hacer justicia), personales (amar misericordia) y divina (humillarte ante tu Dios).
Mi 6:8 «Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.»

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