ASAMBLEAS DE HERMANOS EN GALICIA
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February 6, 2012


EL COMPROMISO DE LA EVANGELIZACIÓN
Necesidades y modelos
Óliver Py

1. Binomio: discipulado integral-restauración integral
2. El problema de la integración de la iglesia en nuestra sociedad postmoderna
3. El problema de la presentación del evangelio en nuestra sociedad postmoderna
4. El problema de grandes áreas sin evangelizar

1. BINOMIO: DISCIPULADO INTEGRAL-RESTAURACIÓN INTEGRAL
Al reflexionar nuevamente sobre la gran comisión que nos dejó nuestro Señor (Mt.28:18-20) apreciamos la importancia de no separar indebidamente los dos tiempos –conversión/bautismo y santificación/discípulo– de una misión que es integral: «id y haced discípulos». El tema del discipulado es el tema central de la misión. La manera es, en los dos tiempos mencionados, la gracia: «de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él» (Col. 2.6).

Frente a las distorsiones que ha creado el pecado en nuestra vida, consideramos que una restauración y una sanidad integral, tanto en el plano espiritual, conductual como emocional, debería ser nuestro objetivo.
El título sugerente de un librito bien completo sobre lo que es la consejería bíblica: La otra cara del discipulado, nos reta a analizar nuestras profundas motivaciones para que estén centradas en un compromiso y una fe indivisa en Jesucristo.

Deberíamos ayudarnos también «unos a otros» a este respecto y fomentar, en todos los ámbitos, un verdadero ministerio de consejería en nuestras asambleas (con compasión y no sólo a «golpe» de versículos). Pensamos, además, en los nuevos convertidos (ex-marginados u otros) que arrastran un pasado con heridas profundas.

Es misión de la iglesia preocuparse por una restauración que será quizás más delicada, pero que hará brillar con más claridad la preciosa gracia de Dios.

Deberíamos evangelizar movidos a compasión ante nuestros contemporáneos vacíos, sin rumbo, sin valores, trabajados y cargados, sin pastor.

2. EL PROBLEMA DE LA INTEGRACIÓN DE LA IGLESIA EN NUESTRA SOCIEDAD POSTMODERNA
A muchos nos preocupa la falta de visibilidad y credibilidad de nuestro cristianismo en esta sociedad postmoderna que entiende la fe en acción y es bastante sorda cuando no hay más que buenas palabras. Este factor nos constriñe a desarrollar una evangelización que vaya más allá de un simple proselitismo. Sin complejos, tenemos que salir de nuestra asamblea/«gueto»; tenemos el deber de entablar un contacto de amor con nuestra sociedad y establecer nuestra presencia como alternativa de vida auténtica imitando a Jesús, que no tuvo mucho más «éxito» que nosotros pero no se aislaba de los que no le aceptaban («Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste», Lc. 13:26).

3. EL PROBLEMA DE LA PRESENTACIÓN DEL EVANGELIO EN NUESTRA SOCIEDAD POSTMODERNA
Para la evangelización del siglo XXI en España, somos conscientes de la necesidad de una labor paciente que ante todo no busca un proselitismo de poca eficacia (p. ej., no estamos en contra de los folletos, pero los vemos como un elemento pre-evangelístico). De todos modos, no se trata de discutir sobre la validez de tal o cual método, sino que pensamos que es un método es válido si alterando la sustancia no rebaja el contenido. Vamos a tratar de cuidar el seguimiento.

Nuestro objetivo no es primeramente la asistencia del inconverso a nuestras reuniones de iglesia (muchas veces puede asustar y desanimar a un postmoderno entrar en un lugar de culto), sino caminar con él buscando su amistad y confianza, contestando a las preguntas que se hace sin ejercer una presión prematura.

Reconocemos que no hay un método evangelístico que sea la panacea en la evangelización y el establecimiento de iglesias, que son nuestro objetivo. Nos importa transmitir una correcta visión del carácter de Dios, no sólo en teoría sino reflejándole en nuestro diario vivir. Nos importa subrayar la perdición del hombre y la vida por la gracia.

Podemos y debemos defender, con razones y argumentos, nuestra fe, pero es fundamental encarnar también nuestro mensaje para que perciban a través de nosotros, el buen olor de Cristo (2 Co. 2:15-16).

Nos parece, en este sentido, muy prometedor la creación de asociaciones (tipo «Serás más» en Burgos y pronto en Zaragoza) proponiendo una oferta cultural y asistencial concreta en muy diversas áreas, sin connotación religiosa, en paralelo con la iglesia, lo que permite un interesante punto de contacto e impacto y el desarrollo de todos los dones de los creyentes.

Además, el desarrollo de equipos de trabajo especializados está empezando a dar buenos frutos, tanto para la iglesia como para los que aún están sin una relación personal con Dios. Anima mucho evangelizar en estos grupos.

En un tiempo de confusión donde se presenta un cristianismo humanista o pseudocristiano, donde hay profusión de ONG que hacen un trabajo encomiable, vemos a la vez el desafío de aclarar lo que supone esencialmente el Evangelio, desmarcándonos con respeto pero claridad y vigor de los errores del Catolicismo y de las demás sectas y religiones: la oferta de salvación por gracia para transformar nuestra vida centrándola en la fe vida en Jesucristo por Su Palabra.

Mucho más que una mera emoción religiosa (cf. papolatría reciente) que descansa sobre un sistema complejo de intermediarios, es la fe en la Palabra de Dios, no en la «Palabra de Dios más otra cosa». Nos debemos indignar cuando leemos que el cardenal Paul Poupard –presente en el último cónclave que eligió a Ratzinger– comentando y citando un documento capital del Concilio Vaticano II, llegó hasta decir que «la Palabra de Dios no tiene consistencia sin la Tradición y el magisterio». Para evitar confusiones y advertir de un gran engaño, casi animaría a utilizar la palabra Biblia en vez de Palabra de Dios con un católico-romano, explicándole que, desde hace 40 años, el concepto de Palabra de Dios, que estaba reservado a las Sagradas Escrituras, se ha extendido, en su iglesia, a la Tradición y a las enseñanzas del Magisterio Romano, o sea, La Biblia, la Tradición y el Magisterio son, por así decirlo, las partes de una realidad más amplia y más completa que se hace llamar «Palabra de Dios».

En nuestra opinión, eso es un «secuestro» y un engaño. No se le puede quitar de esta forma a la Biblia su autonomía e independencia. La «iglesia», cualquier iglesia, no es señora, sino sierva de las Escrituras; no es madre, sino hija; no es autora sino lectora e intérprete; no es jueza, sino defensora y testigo del texto sagrado. Es importante aclarar a todos (cuidado que muchos evangélicos pueden caer en la trampa porque el lenguaje del Papa suena muy evangélico) que sepan muy bien donde van a depositar su fe ¿en la Palabra de hombres o en la Palabra de Dios únicamente? En última instancia, hay que convencerles que, cuando interviene semejante mezcla, queda vaciado el poder de la Palabra de Dios. A la luz de lo anterior, ¿acaso no se cumple con todo el tinglado ceremonial papal del abril pasado, ampliamente mediatizado, la profecía de Pablo: «tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella» (2 Ti. 3:5)?

4. EL PROBLEMA DE GRANDES ÁREAS SIN EVANGELIZAR
Nuestro objetivo sigue siendo evangelizar donde Cristo no ha sido predicado, estableciendo iglesias en pequeñas ciudades «no alcanzadas» para que todos puedan tener la ocasión de entender claramente el Evangelio y puedan comer y beber con cristianos auténticos.








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